viernes, 20 de junio de 2014

La hija del Nilo - Javier Negrete


Hace poco criticaba que las novelas históricas, en especial las de la Antigua Roma y en general las del mundo clásico, suelen centrarse tanto en los hechos históricos que resultan superficiales, no hacen al lector identificarse con un protagonista y compartir sus sentimientos, como puede y debe ocurrir en una novela de otro género. O, cuando el escritor sí busca que los protagonistas contagien sus emociones, resulta llamativo, y decepcionante, que se trate casi siempre de los propios grandes personajes de la Historia Antigua en torno a los que gira la novela: Alejandro Magno, Aníbal, Escipión...

Es a este segundo tipo de obras al que pertenece La hija del Nilo. Se agradece que el escritor comparta las sensaciones, miedos y ambiciones de Cleopatra y César, y ciertamente logra la inmersión en sus personajes, pero sigo echando de menos una obra que se olvide de los prohombres y describa el día a día de un esclavo, una doncella o un patricio de un linaje ordinario.

Entrando en lo que es la novela, comienza relatando la vida de Cleopatra desde su juventud. Resulta muy interesante la descripción de las costumbres del antiguo Egipto, en especial la dependencia de las crecidas del Nilo para la siguiente cosecha y los rituales para complacer a los dioses en este sentido. Asimismo te hace conocer la dinastía de los Ptolomeos que ostentaba el poder, de origen griego, sus intrigas familiares y la relación de Egipto con el poderoso vecino romano.

En paralelo seguirá con el que será el otro protagonista: César. En este caso se centra en su largo conflicto con Pompeyo. Las batallas y escaramuzas guardan mayor fidelidad histórica que la vida temprana de Cleopatra, sin apenas fuentes, pero resultan más insulsas, en especial cuando cae en el error común de convertir en héroes a algunos guerreros, concediéndoles poderes casi sobrehumanos, resultando los combates poco creíbles y predecibles.

Los protagonistas terminarán encontrándose en Alejandría, cuya descripción resulta creativa e interesante, la maravilla del Gran Faro incluida.
En general la novela se hace amena, la lectura es fácil y el estilo es correcto, con un vocabulario rico y preciso. Encuentro muy positiva la nota del final en la que el autor explica qué hechos son ficticios o hipótesis suyas y cuáles son fieles a la historia, y en base a qué obras. Un detalle que sería de agradecer tuvieran en cuenta otros autores del género histórico.

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