martes, 28 de octubre de 2014

Yo volé para el Führer - Heinz Knoke


El piloto alemán Heinz Knoke (1921-1993) relata de forma autobiográfica sus actuaciones durante la Segunda Guerra Mundial. Es una obra corta, casi da la impresión de tratarse de un diario de operaciones, y será de interés únicamente a los aficionados al género bélico, concretamente a los que aprecien las batallas aéreas en esta guerra.

Fue escrita en los años 50 y llama la atención que no oculte su apego al régimen nazi en su juventud, incluso justifica las anexiones e invasiones que desembocaron en el conflicto bajo pretextos de escasa o nula rigurosidad histórica. Tal vez fuera un veinteañero más al que la propaganda le había lavado el cerebro, pero, más de diez años después, no lo aclara.

El lector ha de intentar soslayar las consideraciones políticas para quedarse con las acciones de combate. En este sentido la fuente es de indudable valor, pues Knoke aglutinó años de experiencia a los mandos de su Me-109, sobreviviendo a heridas y derribos y viendo recrudecerse el panorama en el aire misión tras misión. Detalla las tácticas que utilizaban para enfrentarse a las cada vez más numerosas formaciones de bombarderos enemigos y otorga cuantiosos detalles técnicos de los diferentes modelos de aviones.

Menciona lo que parecen habituales borracheras y juergas nocturnas, comprometiendo su rendimiento en las misiones del día siguiente. Es llamativo el contraste entre cómo transcurrió la guerra para los pilotos de la Luftwaffe por un lado, y los soldados en el frente por otro. Todo aquel que haya leído "El soldado olvidado" y haya sido testigo de las penurias y enfermedades que sufrieron sabrá a qué me refiero. No se puede negar que los pilotos se jugaban igualmente la vida en cada misión, pero queda claro que eran considerados como una élite, que se regían por un código de honor propio. Esto queda reflejado en la caballerosidad con que se tratan el autor y un adversario que ha sido igualmente derribado.

Vio caer a sus compañeros uno tras otro, y en los compases finales vemos a un Knoke muy tocado, al que poco le importa ya ser un "as". Se ve rodeado de jóvenes pilotos novatos y sin una adecuada instrucción en vuelo de combate, condenados a una muerte segura bajo la aplastante superioridad numérica de los cazas aliados. Es aquí cuando se ve al autor más sentimental, ya no ansía despegar para incrementar su cuenta de derribos como en los primeros años, cuando maldecía las misiones de escolta sobre el Mar del Norte en las que no acaecía ningún encuentro con el enemigo. Ahora solo piensa en que cualquier día él será el siguiente.

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