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miércoles, 5 de octubre de 2016

Soy leyenda - Richard Matheson

"Una injusta comparativa"




He leído este clásico motivado por la conocida película de Will Smith. Es posible que haya sido un error, porque no tienen nada que ver. Quizá si este libro hubiera caído en mis manos sin ese condicionante mi opinión habría sido muy diferente.

He salido muy decepcionado. No hay acción ni suspense como en la película, uno de sus puntos fuertes. La primera mitad de la trama es monótona y lineal, no hay nada destacable e insiste una y otra vez en la desesperación y alcoholismo del protagonista. Con el potencial que hay en ese mundo, en esa situación de soledad tan particular en que se encuentra, y que sería tan fácilmente explotable… La película lo aprovecha mejor, aunque solo sea con pinceladas como jugar al golf desde el portaaviones abandonado o el diálogo absurdo en el videoclub con los actores de cartón. Son escenas casi cómicas pero que dan mucho juego, una fuente olvidada en la novela y que habría ayudado al lector a hacerse una idea del nivel de aburrimiento y necesidad de compañía y conversación del protagonista.

Me he llevado una sorpresa al comprobar que son vampiros los que amenazan la existencia de la raza humana. Diría que es un acierto de la película haber ocultado este hecho. Suena anticuado, el lector actual está cansado de los estereotipos sobre cómo mueren –ajos, estacas en el corazón...–. El autor hace un esfuerzo elogiable intentando darle una explicación científica al fenómeno, pero solo lo consigue a medias.

Me he permitido señalar sus defectos, aunque es injusto comparar la novela con la película. La obra literaria pertenece a otro tiempo y hay que otorgarle el valor que le corresponde. El final, eso sí, es admirable e inesperado.

Calificación:

martes, 22 de septiembre de 2015

Milagro en los Andes - Nando Parrado

"Un ejemplo de superación"




Fernando Parrado era desconocido para mí hasta ahora. Es un personaje famoso en su tierra, no solo por accidente de los Andes sino por su variopinta carrera posterior, primero como piloto de carreras y después como empresario y presentador de televisión.

Nos trae sus memorias, focalizadas obviamente en la aventura también conocida como Tragedia de los Andes. De todos los sobrevivientes, es sin duda el más apropiado para escribir sobre el tema. Pasó de ser uno de los heridos más graves, en estado inconsciente y colocado en el rincón más frío porque nadie confiaba en su recuperación, a sobreponerse, ganarse la confianza del resto y afianzar su liderazgo. No dudó en apoyar la idea del consumo de carne humana como único medio de subsistencia, se fortaleció y participó en las duras expediciones. Llegado el momento, cuando todas fracasaron y la desesperación cundía en el grupo, supo imponer su autoridad y plantar cara al problemático Roberto para organizar una expedición definitiva al oeste, escalando la temible ladera, que les llevaría a la salvación.

El inicio se hace pesado. Nos habla del colegio y el equipo de rugby, y se explaya una eternidad para describir tácticas del juego y las diferentes posiciones, que a pocos interesarán y no aportan nada a la narración. Pasado el accidente, de nuevo se excede describiendo el sufrimiento por la agonía de su hermana, con demasiadas comparaciones para plasmar sus dolorosos sentimientos. No ayudan las dudas morales sobre Dios, ni los sueños que padece sobre la salvación. Sin duda fueron momentos largos y terribles, pero la narración se hace larga.

Tras los trágicos días posteriores al accidente, la lectura se aviva. Debaten por la dura decisión de aprovechar la carne de las víctimas, e irrumpe la excelente escena del alud. La nieve invadió el fuselaje una noche, y se puede palpar la angustia de los que quedaron enterrados, los nervios de los que trataban de sacarlos a ciegas, escarbando. Varios se asfixiaron. Y no da tregua al lector con la ventisca posterior, que los tiene tres días encerrados, empapados y muertos de frío, hacinados entre nieve derretida, despojos y orina. Sin acceso al exterior, carecen de comida excepto por los recientes fallecidos, que al final tendrán que comer, aun resultándoles repugnante por estar todavía tierna la carne y saber a quién pertenecía, al contrario que los bloque congelados y casi anónimos de fuera.

Es muy profunda la descripción de los compañeros, cómo se van debilitando, cómo mueren los que no quieren o no pueden comer lo suficiente. Los diálogos que sostiene con algunos pocas horas antes de morir resultan impactantes: cómo saben lo que les espera.

Se embarcan en expediciones que hacen que el lector se sienta inmerso en el frío y la crudeza del inhóspito terreno, que se agote junto al escritor por las tortuosas caminatas por la nieve. Se ansía pasar las páginas, conocer el resultado de las exploraciones, el devenir de los enfermos. En la aventura final se hace apremiante la necesidad de descubrir si llegaran a la cima de la montaña, si encontrarán algo verde al otro lado.

Cuando ya parece que están salvados el autor nos hará pasar otro rato de vértigo, participando él mismo en el rescate de sus compañeros, metiéndose con coraje en un helicóptero para sobrevolar los peligrosos riscos, a excesiva altitud y azotado por las corrientes.

El reencuentro con su padre es muy emocionante. Sin embargo, su situación es diferente a la del resto de supervivientes: no se siente partícipe de las celebraciones, ha perdido a su madre y hermana. Concluye con reflexiones personales sobre la muerte, el amor paternal que lo salvó, la existencia de Dios… Se hacen pesadas, pero no empañan una obra y testimonio apasionantes, un ejemplo de superación.

Calificación:

Entrada destacada

Top 10 2016 provisional

A continuación enumero los títulos con los que más he disfrutado durante este año, aunque no he tenido tiempo de escribir reseñas de tod...